Ya cumplió los cinco años...



Leo juega y se ve entretenido, entusiasmado, disfrutando. Es un espectáculo. Todo lo procesa su cabeza, el disco duro de Leo es capaz de transmitir a su zurda una orden a una velocidad increíble.
Han pasado cinco años desde que Frank Rijkaard se llevó a Lionel Messi a Oporto, Portugal, para un amistoso que servía como inauguración del nuevo estadio de los dragones. Era un 16 de noviembre del 2003. Leo apenas hablaba, era un pibe tímido que buscaba protección, y de repente se encontró creciendo protegido por Ronaldinho y Deco, que de fútbol siempre han entendido. Ha vivido tanto, mucho, en cinco años que no podía celebrar el feliz acontecimiento de cinco años en la elite mundial de mejor forma que marcando goles.
Le sienta bien a Leo Messi el liderato, le sienta de maravilla sentirse líder del equipo en el cancha y que el equipo domine la clasificación. Leo es grande por el fútbol de 'potreros' que emana su juego, es enorme porque parece un calco de Maradona, ¡y apenas lo vio jugar!, es grandioso porque no hay otro que lleve la pelota pegadita a los pies como él y menos a esa velocidad que sólo es posible detener lanzándose con saña a sus frágiles tobillos.
En los cinco años que ha pasado desde que debutó, Leo ha aprendido a moverse entre los grandes, ahora, con Guardiola, se da cuenta que aún puede aprender más, que ha encontrado al técnico ideal para entrar en la historia de los más grandes.



Rijkaard lo dejaba ser, nunca coartó su creatividad, le pedía que se divirtiese, parecía que lo soltaba a la calle para que jugase como en su Rosario natal y le decía que abriese los ojos, que al lado de los grandes aprendería mucho. Rijkaard nunca le puso reglas, por eso creció Leo, libre, desinhibido, alegre.
Pero llega un momento en la vida en el que debes asumir responsabilidades. Llega un momento en el que toca madurar y ahí está Guardiola para ayudarle. Es un lenguaje entre peloteros. Guardiola no tiene la necesidad de proteger a Leo, ya no es un niño, sólo tiene que marcarle las normas de supervivencia en la selva del fútbol. Guardiola está ahí para ayudarle a ser el líder de un equipo campeón, no sólo a sorprender con sus jugadas de video juego y sus golazos. Ese es el papel de Leo cinco años después. Ahora, Messi es la comunión de los devotos de la esférica.

Maradona, otra vez frente a la línea blanca (de la cancha)




Diego corre solo con la pelota. Veloz. Se escabulle por una orilla como en el famoso gol a Inglaterra en el mundial de México 86. Si entonces esquivó a cinco jugadores que no pudieron derribarlo, ahora, como técnico de la selección Argentina, enfrenta a escépticos, periodista críticos, un sector del mundo del fútbol que denuncia que el título de entrenador se lo regalaron sin hacer el curso.
Para empezar el pelusa debe sortear dos pruebas clave: armar el cuerpo técnico ante la deserción de algunos ex compañeros del 86 y luego poner en el campo a un triangulo maravilloso formado por Messi, el Kun y Tévez y hacerlos brillar para colmar la expectativa de los convencidos. Tarea nada fácil. Pero Maradona resiste y avanza, con la misma confianza en sí mismo que cuando marcó el mejor gol de la historia de los mundiales. Desde su casa en Ezeiza, atendió a la prensa que lo fue a saludar por el festejo de su cumpleaños número 48. Se mostró contento, pero distante y frío.
El debut de Maradona será el próximo 19 de noviembre en Glasgow ante la selección de Escocia, una ciudad que le trae recuerdos. "Allí debuté con la selección de Menotti e hice un gol", rememoró, y agregó que es una tierra donde "soy adorado" por el gol a los ingleses.
Han pasado ya más de 13 años desde que Diego Maradona, el pelusa, se sentó por última vez en un banquillo como entrenador de un equipo de fútbol. Fue en la Liga argentina (torneo de Clausura 1995), dirigiendo a Racing Club, su segunda y última experiencia como director técnico luego de su estreno en el ya desaparecido Mandiyú de Corrientes.
Es mucho el tiempo transcurrido y muy poca la experiencia (entre ambos equipos dirigió apenas 23 partidos, de los cuales empató 12, perdió 8 y ganó sólo 3) como para aventurar un análisis o trazar algún tipo de paralelismo. Además, el Maradona de aquellos días no es el de hoy. Por aquel entonces el pelusa se sentía, más que un joven entrenador, un veterano futbolista (de hecho volvió a jugar más tarde) y su aventura al otro lado de la línea de cal se pareció más bien a uno más de sus caprichos que a algo realmente serio.
Más allá de la experiencia de los años -seguramente un aspecto a tener muy en cuenta-, el principal cambio en toda esta historia radica en la salud de Diego. En aquellos días Maradona estaba perdido en el laberinto de sus adicciones y su cabeza pasaba mucho más tiempo fuera del fútbol que dentro de él. Hoy, curado y disfrutando de las cosas importantes de la vida por primera vez en muchos años, se lo nota tranquilo, sereno y con los objetivos bien claros. Frontal y polémico como siempre, de eso no quedan dudas, pero sano y, al parecer, con las ideas en orden.
Sin embargo, más allá del paso del tiempo, hay cuestiones de la personalidad que no cambian y por eso seguramente habrá algún que otro punto en común entre éste y aquel Diego entrenador.
El más importante, sin dudas, es la llegada al jugador. Quienes fueron sus dirigidos en Mandiyú y Racing recuerdan gratamente la facilidad que tenía Diego para transmitir su mensaje, para motivar y para levantarles el ánimo. Lo mismo sucede con los integrantes del equipo olímpico que se coronó en Pekín, donde el astro, sin ningún cargo oficial, estuvo bien cerca de "los muchachos", como a él le gusta llamarlos.
Otros aspectos que también seguramente se repetirán son su inquietud, sus gestos y su permanente movimiento luego del pitazo inicial. Resulta muy raro imaginarse a un Maradona sereno, observando el juego sentado y sin dar muchas indicaciones…
Sus corbatas multicolores, marca registrada de aquella época, quedarán como un pintoresco recuerdo del pasado, y lo mismo esperan Julio Grondona y compañía que suceda con aquellas anécdotas de pura polémica, como las reiteradas ocasiones en que se fue expulsado por insultar al árbitro o esa tarde en la que, para responder a los insultos en su contra, no tuvo mejor idea que desafiar a todo un estadio festejando un tanto de su equipo con sus dos dedos centrales levantados y apuntando al cielo. Pero ahora, como siempre, Maradona sabrá esquivarlos y llegar al área como sólo él sabe hacerlo. Como siempre.




Párita Liche

Mi jardín es mío



Cuando el juez le preguntó por todos los crímenes de los que se le acusaba, él se mostró ofendido, como si le estuviese haciendo una pregunta de carácter personal, casi íntimo. Bajo la vista lo que dura un pestañeo y luego miró directo a los ojos al magistrado:
- Perdone, señor Juez, pero es que no sé a qué viene ahora esa pregunta. La justicia debería arreglar otros problemas que hay, que no son pocos. Hoy en día hay mucha delincuencia callejera, no puedes salir a la calle con la inseguridad que hay, deberían preocuparse de las cosas que realmente importan a la gente. Además, aquello por lo que me pregunta sucedió hace mucho tiempo.
Los asistentes judiciales se miraron. Parecía que se dividían entre los que apoyaban lo que decía el acusado y los que escuchaban incrédulos el cinismo del individuo.
Entonces el juez le preguntó por todos los cadáveres que se encontraron enterrados en su jardín.
- ¿De verdad me pregunta ahora por eso? Han estado enterrados ahí siempre y me pregunta ahora. Si de eso hace décadas, ya casi ni me acuerdo. Además, ¿Usted qué se cree? Aquellos que estaban enterrados no eran ningunos santos, sabe, también mataron y enterraron a otra gente, no se me puede echar la culpa a mí por todo lo que ocurrió si aquí nadie está libre de pecado. Nadie.
El hombre parecía debilitado por el inevitable paso de los años, los que le habían otorgado un aspecto de anciano inofensivo y débil, impresión que él mismo se encargaba de borrar con visos de una pasada y decadente soberbia.
El fiscal mostró las pruebas en las que se demostraba que el acusado era el principal sospechoso de las desapariciones y asesinatos de todas esas osamentas humanas que se habían exhumado en su propiedad.
- Sí, vale, Señor Juez, puede que haya sido yo - admitió el anciano -, pero no tiene ningún sentido que me juzguen ahora. El mal ya está hecho. Lo único que conseguirán con esto es reabrir las heridas del pasado. No me deberían juzgar, es mejor dejar las cosas como están; no tiene ningún sentido acusarme de algo que hice en defensa propia hace muchos años. Además, los cadáveres estaban muy bien en mi jardín, no sé para qué los tuvieron que desenterrar si estaban descansando en paz. Estaban todos juntitos en una fosa, ya no sentían nada y estaban bien. Además, tenía el jardín precioso y ahora parece un pantanal. Los han sacado para montar un circo. Yo creo que usted lo único que quiere es acusarme para desviar la atención de otros temas importantes, ¿verdad?
El juez le preguntó si tenía algo más que declarar.
- ¡No me pueden acusar por lo que hice! Además, por aquel entonces en mi casa yo hacía mis leyes y no era delito hacer lo que yo quisiera. Era mi casa. Si yo tenía que matar a alguien lo mataba, no iba en contra de mi ley. Yo no soy como esos partidarios de Kant que creen que hay valores universales como los de no matar, no agredir y todos cuentos. Yo soy partidario de las leyes, y si en aquel entonces yo hacía la ley no cometía ningún delito. Así que están todos en un error por querer reabrir heridas del pasado.


Tras escuchar las declaraciones del principal acusado, al jurado no le quedó más opción que retirarse a deliberar.


Párita Liche

RELATOS DESDE LA ISLA


Nueva Narrativa Cubana
Jacqueline Shor (Comp.) Edit. RIL
La literatura Cubana, con José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas y más recientemente con Pedro Juan Gutiérrez, entre otros, ha trascendido los límites de la isla y se ha transformado en una de las más sólidas y originales de Latinoamérica: por su variedad de estilos y temáticas, por, pese a sus limitaciones políticas, por su frescura, pero también por la influencia que ejerció y ejerce en toda la creación literaria del continente (basta recordar a Carpentier y su decisiva influencia en el explotado “realismo mágico”).
Esta antología de Jacqueline Shor, reúne a dieciséis escritores nacidos entre 1958 y 1983; en cuanto a estilo, la escritura vibra en matices que van de lo tradicional a lo más contemporáneo (y todo lo que quepa dentro y entre estas dos palabras). Lo que une a las historias de esta antología es el hecho de haber sido escritas por autores que pertenecen al período de la Revolución y que tienen la particularidad de no haber salido nunca de Cuba. Sin embargo, la Revolución de Castro (1959), como pudiera pensarse, no es el tópico central de los relatos, pero sin duda aparece como música de fondo en algunos de ellos en historias donde sus personajes intentan explicarse, a si mismos y a sus lectores, la “aventura” de sobrevivir en la isla.
Así nos encontramos paseando por el Malecón (quintaesencia de la Habana) a bordo de una “flacucha” (bicicleta), contemplando la gran cantidad de extranjeros en busca de “jineteras” (prostitutas), en una ciudad donde la arquitectura y el paisaje parecen haberse congelado en una fotografía de los años cincuenta arruinada por el paso del tiempo.
Algunos de los puntos altos de esta antología son los cuentos: Josiane (Nelton Pérez), El Inquilino (Manuel Navea), Un Solo de Saxo para La Mundana (Miguel Terry Valdespino) y Eso Son Las Amigas (Rebeca Murga). Relatos de un estilo ameno, llenos de poesía y que dan cuenta de narradores de oficio. Sin embargo, la antología en su conjunto se impone por su calidad y nos entrega una mirada caleidoscópica y llena de matices de la Cuba actual, la de los “Hijos de la Revolucion”.



Párita Liche

El intelectual discrepante no tiene medios de expresión


Entrevista al escritor Hernán Valdés



Hernán Valdés (Santiago, Chile 1934) fue quien dio el primer testimonio que denunciaba las atrocidades que estaban siendo cometidas por los canes de Pinochet. El mismo día 11 de septiembre, el Centro de Estudios de la Realidad Nacional de la Universidad Católica, su lugar de trabajo, era allanado y desmantelado por una patrulla militar. En aquellos días, Valdés había comenzado a dar forma a su novela A partir del fin (Era, México, 1981; Lom, Chile, 2004); en eso estaba cuando el 12 de febrero de 1974, todo se vio interrumpido cuando varios hombres armados se presentaron en su departamento. Así, era invitado a continuar la charla en un cuartel. Luego sería llevado a Tejas Verdes. Un mes de estadía en tan horrible lugar sería tiempo más que suficiente para decidirse a abandonar el país. Luego de su asilo en la embajada de Suecia, llega el viaje sin boleto de regreso. Una vez en Europa, y con la necesidad de denunciar las atrocidades de la dictadura, publica Tejas Verdes. Diario de un campo de concentración en Chile (Ariel, Barcelona, 1974. Lom, Santiago, 1996), traducido simultáneamente a varios idiomas. A través de estas páginas, fechadas desde el 12 de febrero y el 15 de marzo de 1974, es posible conocer los horrores de la tortura y la prisión y la bien cuidada prosa de su autor. Después vino A partir del fin, publicada tardíamente en Chile y resistida por la izquierda es, si alguna justicia literaria existiera, la gran novela sobre el golpe. Su último libro publicado en Chile, Fantasmas literarios. Una convocación (Aguilar, 2005), es un emotivo retrato de la vida literaria de la década del cincuenta y sesenta. Por sus páginas desfilan nombres como los de Neruda, Teofilo Cid, Nicanor Parra, Carlos de Rokha, Jorge Teillier, Stella Díaz Varín y, seguramente, la mejor y más emocionante evocación que se ha hecho sobre el poeta Enrique Lihn, su amigo personal. Con Fantasmas… Valdés obtuvo una excelente recepción de la crítica y el Premio Altazor, reconocimiento que es otorgado por los propios escritores. Completamente ajeno a toda camarilla literaria local, este “exiliado vitalicio”, desde su residencia en Alemania, accede amablemente a esta conversación:

Quisiera comenzar preguntándole en qué trabaja actualmente… ¿tendremos pronto un nuevo libro de Hernán Valdés por estos lares?

No creo que tan pronto. Me han hecho ver que en Chile la literatura no se vende, y las editoriales, si es que ofrecen una publicación, lo hacen en condiciones deshonorantes. Tendré una nueva novela terminada probablemente a fines de año, pero la escribo para mi propia diversión y debido al horror que me produce la consideración de que lo que no se escribe simplemente no existe, no existirá.


Con las complicaciones que tuvo su novela A partir del fin para ser publicada, tanto en España como en México, y su tardía publicación en Chile – a ecepción de Tejas verdes – ¿siente que no se ha sabido leer su obra, incluyendo nuestro país?

Es curioso, parece que he tenido más aceptación como documentalista que como novelista. Es que mis novelas no son, aparentemente, fáciles. Zoom, es cierto, necesitaría una revisión y remodelación, en gran parte. A partir del fin ha sido comprendida por pocas personas, y espero que algún día se la lea con nuevos ojos. Porque, hasta aquí, ha sido considerada como una novela sobre el Golpe, y en este sentido repudiada o celebrada. Pero esa lectura es bastante equivocada. El Golpe, y sus circunstancias, no son más que un pretexto, una situación marco, para exponer las reacciones subjetivas del personaje respecto a esta experiencia, respecto al desmoronamiento paralelo de su vida política y sentimental.


En junio recién pasado falleció Stella Díaz Varín en el más completo olvido. La prensa lo mencionó, a excepción de Lafourcade, en breves espacios, pero nadie dijo nada… Tengo la sensación de que hace cuarenta o cincuenta años atrás, puntualmente en Chile, el oficio de escritor gozaba de más notoriedad, espacio, incluso me atrevería a decir respeto… ¿Cree usted que en la actualidad todo eso se ha ido perdiendo?

Creo que eso se ha ido perdiendo en todo el mundo. Los medios audiovisuales han sustraído casi totalmente la atención que antes se dirigía a los libros. El rol de los intelectuales ha desaparecido casi por completo, en especial porque ha desaparecido totalmente el apoyo político que muchas veces les sustentaba. Desaparecida la izquierda del planeta, con todos los medios de difusión de que disponía, hoy un intelectual, especialmente el discrepante, no tiene medios de expresión. Además, la privatización de la cultura ha cerrado muchas posibilidades de sobrevivencia y expresión para los intelectuales. A todo eso hay que agregar que ya en los años 60 emergió –y no sólo en Chile–- una nueva burguesía empresarial, que suplantó a la anterior, en la que predominaban las profesiones liberales y humanísticas, y entre cuyos miembros el gusto por las artes y la literatura eran factores de prestigio. En Chile se han sucedido varios gobiernos llamados socialistas tras el Golpe: pues ninguno de ellos ha sido capaz de crear un espacio para la cultura, libre de la privatización, espacio que antes procuraban las universidades. Stella, como tantos otros, vivió en la miseria y murió en la miseria. Una institución de apoyo, una especie de fundación cultural, habría evitado estas situaciones vergonzantes, las evitaría ahora mismo y en el futuro.


Usted vive en Alemania hace más de veinte años, ¿nunca ha pensado volver a Chile?

Una pregunta que me ha hecho repetidas veces, y a la cual he respondido de diversas maneras. Volver, pero ¿por qué a Chile? Que yo recuerde, la mayoría de los exiliados volvieron porque tenían allí propiedades, familias, empleos. Había, claro, los nostálgicos de una cierta complicidad en el mal hablar, de comunicarse con gestos convencionales, de compartir mitos y navegar en el compadrismo criollo; los que vivían rodeados de íconos nacionales, incluso los que, en vez del hueso de algún santo, tenían un frasquito con tierra chilena sobre el aparador, sobre cuyo grado de contaminación no tenían idea. Y pues, yo debo ser un tipo raro, no estaba en ninguna de esas categorías: yo no me sentía exiliado de un país, sino de un proyecto político y humano de sociedad, que posteriormente las fuerzas militares que gobiernan el planeta han hecho ilusorio.


¿Mantiene algún tipo de relación con escritores, en palabras de su amigo Enrique Lihn, “del horroroso Chile”, o como dice la crítica, con el “medio literario local”?

Cuando Lihn decía eso no se refería al paisaje, que era incapaz de percibir, o que no le interesaba un comino, sino a la mentalidad reinante, al oportunismo, a la generosidad vacía de consecuencias. No, mis relaciones son muy limitadas y esporádicas. A veces recibo mensajes de elogio, como el suyo, pero sospecho que, en general, el interés por mis libros es escaso. Hay algunos que ni siquiera han sido publicados allí.


Usted dice que hay algunos libros suyos que no han sido publicados en Chile ¿A usted no le interesa publicarlos o no ha tomado contacto con los editores?

Pese a la buena acogida de Fantasmas literarios, Aguilar no se interesó por publicar otros libros míos, o si se interesó fue en condiciones muy desventajosas, que no acepté. Esperaré pues a que haya mejores ofertas.

¿Qué le parece el revival de Enrique Lihn y las numerosas publicaciones de su obra aparecidas en los últimos años? ¿Es posible leer mejor con la perspectiva que da el tiempo?

Creo que, aparte de su poesía, que fue apreciada ya tempranamente, el interés actual por Lihn tiene mucho que ver con la fascinación por su vida, que se ha
convertido en un pequeño mito, y por su manera de morir. Lihn hizo, en gran parte, un espectáculo de su vida, y no pudo resistirse a hacer también un espectáculo de su muerte. Fue un gran actor.



Felipe Reyes F.

Un salto al vacío


Black Sparrow Press de John Martin


En diciembre de 1950, el Servicio de Correos de los Estados Unidos contrató a Charles Bukowski como cartero: “Estábamos en Navidades y me enteré por el borracho que vivía calle arriba, que contrataban a cualquiera que se presentase; así que fui y lo siguiente que supe fue que tenía un bolso de cuero a mis espaldas...”. Pasado ese período de Navidad, Bukowski no volvió a trabajar para correos hasta marzo de 1952, una vez que le ofrecieron un puesto definitivo en el servicio. Empleo que conservaría hasta 1955, cuando se vio nuevamente obligado a dejarlo por problemas de salud. Más adelante Hank volvería a pedir trabajo en esa oficina, y aunque lo detestaba, le consolaba que el Servicio de Correos le entregara un sueldo fijo y una pensión aceptable. Pero Bukowski ya estaba a punto de cumplir cuarenta años y le aterraba la idea de terminar sus días en aquellas mugrosas oficinas y aplanando calles.
Sin embargo, se dedicaría a esas labores durante doce años más, sobre todo haciendo turnos de noche, ya que de esa forma durante el día podía estar en el hipódromo de Hollywood Park, apostando a jornadas completa hasta sus últimos centavos. A veces sus turnos se extendían incluso dos semanas seguidas, para luego tomarse largos fines de semana dedicados a la bebida, las apuestas y por supuesto la escritura. Y de vez en cuando también una que otra esquiva chica.
Poco a poco, Bukowski empezó a publicar en pequeñas revistas literarias, y logró editar algunos poemas y relatos de manera independiente. En eso estaba cuando John Martin, un joven empresario, adepto a la iglesia cristiana, pero fascinado con el trabajo poético de Bukowski, decide fundar una exclusiva editorial donde publicar su obra. Así, nace la legendaria Black Sparrow Press, la que vista con los años sólo justifica el gesto como un verdadero salto al vacío.
Por esa época, Bukowski empezó a escribir también una singular columna, Escritos de un viejo indecente, en un semanario underground de Los Angeles. Una “escandalosa” columna que generó un ridículo incidente al llegar a oídos de sus jefes de correos, quienes incluso pidieron al FBI que investigara si el singular empleado era, como se pensaba, un peligroso “elemento subversivo”. Finalmente este hecho sólo sirvió como un pretexto para el despido. Entonces, John Martin le ofreció un sueldo mensual de por vida si escribía a tiempo completo para Black Sparrow Press. Hank aceptó la propuesta y, tal vez como mejor respuesta a esa misma paranoia, escribió su primera novela, Cartero, a mediados de los ’70.
De esta forma, la relación entre Bukowski y Martin, la que empezó siendo puramente comercial, se convertiría en la amistad más larga que tendría el viejo indecente. Ese ejercicio duraría cerca de veintiocho años. Tal vez el hecho de que casi nunca se vieran ayudó a conservar la amistad. Martin no se iba de juerga con Bukowski. Prefería evitarlo, porque era en esos momentos cuando éste se transformaba y se ponía violento. Una amistad que también se vería beneficiada por el hecho que Martin no fuera escritor, manteniendo alejados cualquier tipo de competencia o de celos intelectuales. “Bukowski –afirma Martin– era un hombre extraordinariamente sincero, no soportaba la falta de honradez. No soportaba el engaño. Yo solía decir que cuando necesitaba una respuesta absolutamente sincera, que no contuviera ni una pizca del ego de la persona ni de sus prejuicios, acudía a Bukowski. Era la única persona que he conocido que siempre te contestaba con absoluta sinceridad”.
Martin cumplía lo suyo: le enviaba su sueldo todos los meses. Una suma que empezaría siendo apenas 100 dólares y que a medida que fueron creciendo las ventas de sus libros llegaría a 7.000 dólares. Martin le compraba máquinas de escribir, le facilitaba los insumos y le daba hasta algún dinero extra cuando veía que se estaba quedando corto. Para compensar lo poco que se veían, se escribían cartas casi a diario, o se comunicaban por teléfono, eternizando conversaciones de los temas más variados: “Cuando me llamaba por teléfono, preguntaba: ¿Está el señor Rolls? Y yo le contestaba: Sí, ¿Es usted el señor Royce? Porque teníamos la sensación de que juntos éramos algo”.
Sin Bukowski no habría existido Black Sparrow Press. Y Bukowski, seguramente, no habría alcanzado tanto éxito si John Martin no hubiera apostado por él, dejando como testimonio más de cuarenta y cinco libros, entre poesía y prosa, que documentan, con ingenio, rudeza y sinceridad, los puntos débiles de una Norteamérica que nadie quería ver publicados. Un trabajo sucio que alguien debía hacer, y que como ocurre sólo a veces hizo que dos tipos necios se conjuraran.



Párita Liche

UN DESPRECIABLE CLOCHARD SE APODERÓ ENTONCES DE LA PALABRA


Un poema de Hernán Miranda


Yo soy el que merodea por ahí
empujando un carrito de supermercado
Ese que lleva zapatones de obrero de la construcción
y luce una falda plisada
y cofia en la cabeza como señora rusa proletaria.
De mí se dicen muchas cosas
y es hora de aclarar antes que sea tarde.
Se dice que yo era un oficinista travesti
que en las noches salía a rondar vestido de mujer
y que un día no pudo volver al trabajo porque
extravió la llave de su departamento,
y que pintado y con peluca fue sorprendido en la calle
por la salida del sol
y que con el escándalo perdió pan y pedazo.
Una historia edificante a costa mía,
con moraleja y todo,
que inventó la multitud de travestis verdaderos
que viven por acá
Yo sé que me miran detrás de los visillos de las ventanas
vestidos
con baby dolls y zapatos de taco alto mientras se
peinan el bigote y alistan su maletín antes de partir
al trabajo.
Tampoco ha faltado el que inventó la historia
de que soy un pillo que se disfrazó de mujer para
robarse el carrito lleno de comida del supermercado
Y tampoco el que ha llegado a sospechar que yo sea un
detective privado o un Sérpico
encargado de husmear en la basura para conocer detalles
íntimos
o averiguar sobre los negocios oscuros de mucha
gente que popula por aquí
Más de un niño se ha imaginado alguna vez que voy a
tirar el carrito y con una metralleta en la mano
saldré persiguiendo a los bandidos
Todo son fantasías, las propias fantasías de los chuecos
y pervertidos que se concentran en esta ciudad
donde ni las ánimas viven tranquilas
y los desaparecidos no aparecerán jamás
y los asesinos se ríen satisfechos detrás de la puerta
Soy un intelectual que ha hecho campañas orientadas
a enderezar los rumbos de la ciudad
y las seguiré haciendo con el ejemplo
no como un escritor de por aquí que posa de
gourmet y sueña con ser famoso como Neruda
u otros pretenciosos que conservan hasta sus bacinicas
esperando que algún día ser les haga un museo
Yo ando con mi carrito recogiendo cosas útiles de la
basura
Doy testimonio contra tanto consumista
Yo no soy travesti, en el buen sentido de la palabra. Digan
si quieren que soy mitad hombre y mitad mujer.
Soy la humanidad en movimiento. Pero de maricón
no tengo nada
Si otros van a París, yo me muevo de Santa Lucía a
Portugal,
cruzo por Rosal y Merced, me traslado por Lastarria,
por Villavicencio.
Y no le pido plata a nadie. Ni ando vendiendo pomadas.
Soy un viajero y una viajera, dos en uno que se mueven
por sus propias fuerzas
que no contaminan con humos ni con ruidos.
No me enojo si me comparan con el José y la María
Pero no aguanto que me tomen para el fideo. Doy
y exijo respeto.
Tampoco me gusta que me tomen fotos. Soy viajero pero
no ando tomando fotitos como turista ridículo.
Lo que más me carga son los diarios y la Tele.
Esos fariseos se merecen que yo entre a azotarlos
que les tire lejos sus monedas mugrientas
ganadas haciendo negocio con las desgracias y
miserias ajenas
Pero lo peor son las enseñanzas de la Tele
que han convertido en arribistas
hasta a los mendigos.