DESIERTOS

(Fragmento)
Un poema de Adonis
(Ali Ahmad Said)


Las ciudades se deshacen
y la tierra es una locomotora de polvo.
Sólo el poeta sabe casar este espacio.

No hay camino hacia mi casa: estado de asedio,
las calles son cementerios.
Desde lejos, sobre su casa,
una luna ensimismada se cuelga
en los hilos del polvo.

Dije: "Este es el camino a mi casa". Respondió: "No,
no pasarás", y me apuntó con el fusil...
Está bien. Tengo en todos los barrios
amigos, y todas las casas del mundo.

Caminos de sangre.
Los evocaba un niño
y su amigo le susurraba:
No hay en el cielo
sino agujeros llamados estrellas...

Encontraron a seres en sacos:
el primero sin cabeza
el segundo sin manos ni lengua
el tercero estrangulado
y el resto sin forma y sin nombre.
- ¿Te has vuelto loco? Por favor,
no hables nunca de esto.

Una página de libros
por los que aparecen las bombas,
aparecen las profecías y los proverbios pasajeros,
aparecen los mihrabs, alfombra de letras,
caen, hilo tras hilo,
sobre el rostro de la ciudad
desde las agujas del recuerdo.

Del vino de la palmera a la calma de los desiertos...
a una mañana que pasa de contrabando sus entrañas
y duerme sobre el cadáver de los rebeldes...
calles, camiones para soldados y grupos...
sombras, hombres y mujeres...
bombas cargadas de plegarias,
de fieles y de herejes,
un hierro que supura hierro
y se desangra en carne,
campos nostálgicos de trigo,
hierba y hortelanos,
fortalezas que cercan nuestros cuerpos
y vierten sobre nosotros oscuridad,
la mitología de los muertos
que la vida dice y guía...
una palabra que es a la vez
víctima, sacrificio y todos los verdugos...
tinieblas, tinieblas, tinieblas.



علي أحمد سعيد إسبر



Alí Ahmad Said Esber, Adonis, nació en Al Qasabin, al norte de Siria, en 1930. Poeta, crítico y antólogo de la poesía árabe tradicional, es uno de los creadores más importantes y renovadores de la lírica árabe contemporánea. Entre sus obras de creación cabe destacar, “Cantos de Mihyar el de Damasco”, “Epitafio para Nueva York”, “Libro de las huidas y mudanzas por los climas del día y la noche”, “Un tiempo entre la rosa y la ceniza” y “Homenaje a las oscuras cosas claras”. Como antólogo y ensayista ha publicado “Introducción a la poesía árabe”, “Lo permanente y lo mudable” y “La palabra de los orígenes”, entre otros textos.
Junto con el poeta sirio-libanés Yusuf al-Khal fundó la revista “Si’r” (Poesía) en 1956, en la que se traduce a Juan Ramón Jiménez, Lorca y Octavio Paz.
Se ha desempeñado como profesor de literatura árabe en las Universidades del Líbano, de Damasco y en La Sorbonne de París. Gran conocedor de la poesía preislámica, mística y Omeya, su verso complejo y a veces surrealista ha sabido contar un mundo en constante cambio.

LAUZIER, el lápiz corto punzante

Gérard Lauzier falleció en París el pasado 6 de diciembre. El autor francés de historietas no murió envenenado al morderse la lengua como muchos hubieran querido, sino víctima de un cáncer. Tenía 76 años. Sus retratos sarcásticos de la burguesía francesa dejaron la sonrisa congelada en la cara de sus inspiradores. Un humor que produce esta mueca final cuando combina fiereza y certera puntería: uno de los blancos favoritos de Lauzier fueron la izquierda exquisita francesa y sus retoños radicales. No por ser de izquierda sino por ser un yacimiento inexplorado de comportamientos ridículos. Poco acostumbrados a ser caricaturizados en el país del sacrosanto mayo del 68, el patriciado progresista le acusó de reaccionario. En 1978, Lauzier declararía: “Algo que me deja estupefacto: Se dice que el cómic para adultos surgió a raíz de 1968 y todavía no he visto una historia de cómic que cuente lo del 68. Los autores se masturban el cerebro para realizar historias sin interés alguno, cuando la mayoría forman parte de esa generación salida del 68. ¡Y eso que es interesante lo del 68! Yo lo viví como espectador, pues estuve todo el tiempo metido en la Sorbonne y en Odeon, pero no fui parte activa; no era para mi edad. Me encantaría leer un cómic sobre este tema”.


Así, además de reaccionario, también debió cargar con el estigma de pedante. Y no lo era. Sencillamente, Lauzier detectó una gran bolsa de tontería humana en los izquierdistas divinos, falsamente liberados en materia de sexo, casi tan preocupados por la pobreza en el mundo y la ecología como por la gastronomía de diseño y la cultura del vino; feministas porque el feminismo era lo que se llevaba. Pero también tenía munición crítica para la familia y el mundo empresarial, y para él mismo. Nacido en Marsella el 30 de noviembre de 1932, Lauzier se licenció en Filosofía y dejó sin completar los estudios de Arquitectura. Entre 1956 y 1964 vivió en Brasil, donde fundó una agencia de publicidad y se inició en el humorismo gráfico. Pero en nuestra azotada Latinoamérica el virus golpista ya se hacía sentir con fuerza. El golpe de Estado contra Joao Goulart hizo que regresara a Francia.

'PILOTE'

Tras publicar en revistas como Paris Match y Lui, en 1974 editó el álbum Lilí fatal y comenzó su colaboración con la publicación Pilote, donde apareció su larga serie Cosas de la vida. Eran los tiempos del boom del cómic adulto en Francia y Lauzier se convirtió en ariete de la corriente con su vitriólica visión de la cotidianidad, cantera inacabable de materia prima. Las historias de Lauzier nos hacen mirarnos en el espejo del absurdo cotidiano. Esa mirada a nuestras contradicciones y miserias. “El cómic infantil no me interesa en absoluto, y me veo incapaz de hacer una historia de ese corte –señalaba el dibujante–. Además, el cómic infantil ha sido ya muy explotado. Lo que hay de maravilloso en el comic para adultos -en lo concerniente a las historias- es que no hay nada. Contamos con buenos dibujantes, pero los buenos guionistas escasean. No leo cómics porque me aburren. Encuentro la materia sin consistencia. ¡Ya quisiera yo leer cómics para adultos, pero que me ofrezcan algo que valga la pena! La mayor parte de las veces, con sólo leer unas viñetas ya sé lo que va a pasar. Claro que hay excepciones, pero por lo general, en un campo tan nuevo, tan rico, que atrae a los jóvenes, me sorprende tanta pobreza y la depauperación profunda del cómic para adultos. Compro todas las revistas, porque es mi trabajo, y tengo que decir que me cuesta muchísimo dar con una historia en la que no se tome al lector por un gilipollas. Y eso me sorprende, pues el cómic es un modo de expresión en el que el autor goza de campo libre. Si uno se dedica al cine o a la novela, se ve obligado a inscribirse en una tradición, se ve obligado a hacerse sitio entre un centenar de personas que nadan en la misma dirección. En el mundo del cómic, estás solo, no hay nada. Tampoco comprendo por qué no se cuentan historias para adultos que sean interesantes. No sólo lo que se hace no ofrece ningún interés, sino que encima se trata de ciencia-ficción, de historia, de surrealismo, o bien es algo totalmente hermético. Me sorprende asímismo que no se haga más cómic de la vida de cada día; y no soy el único que lo dice, ya que WOLINSKI escribió un artículo a ese respecto en "Charlie".



La trilogía formada por La carrera de la rata (1978), Querer no es poder (1980) y Recuerdos de un joven (1983), obras en las que arden respectivamente un publicista con ínfulas literarias, un triunfador maduro y un pobre niño rico, le coronaron campeón de la sátira social contemporánea. La compañía teatral barcelonesa Dagoll Dagom adaptó historietas de Cosas de la vida en Glups!! (1983) y La carrera de la rata como Cacao (2000). También en su país, mitificado como el paraíso del cómic, Lauzier descubrió que el teatro permite ganarse la vida bastante mejor que la historieta. Y no digamos el cine. T'empˆches tout le monde de dormir (1982) fue la primera película que dirigió y Le fils du français (1999), la última, mientras que Mi padre, mi héroe (1991), protagonizada por Gérard Depardieu, supuso su mayor éxito. Suyos son también los diálogos de Astérix y Obélix contra César (1999). Diario del artista (1992) supuso tanto el regreso de Lauzier al cómic como su lamentable despedida del medio.



Parita Liche

EUROPA REFUERZA SUS MURALLAS

Reportaje

“Toda persona tiene derecho a circular libremente
y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.”
Artículo 13. N 1, Declaración Universal de los Derechos Humanos


Veronica acaba de cumplir un año de vida y no comprende los problemas de sus padres. Pero los siente, especialmente ahora que su padre ya no llega a casa por las tardes. “Todavía se despierta de madrugada buscando a su padre, tiene su cunita, pero siempre dormía entre nosotros”, relata Leidy Gutiérrez, madre de la pequeña Verónica. La niña tiene nacionalidad española y su padre, Boliviano, tiene una ordén de expulsión en apicación de la Ley de Extranjería por no tener “papeles”.
El pasado 29 de sepriembre, Ramiro Perales Chejo salía de una de las estaciones del metro del barrio de Santa Coloma, una babel de africanos, chinos, rumanos y latinoamericanos no incluida en las rutas turisticas. Un arrabal de indocumentados que alimentan la economía subterranea de la capital catalana. Como cada tarde, Ramiro se dirigía a su casa cuando lo detuvo la Policía y desde entonces se encuentra recluído en el Centro de Internamiento para Extranjeros de la zona franca de Barcelona, donde espera su expulsión. Aunque la normativa legal permite que se presente un recurso para suspenderla, de poco ha servido que su abogada, Johana Logroño, ponga sobre la mesa el DNI (la targeta nacional de identidad) español y el Registro Civil de su hija. Para Logroño, “es como si el juez no hubiera leido la documentación”. “Si una ciudadana española no vale para demostrar el arraigo y la dependencia económica de su padre, no entiendo qué más es necesario”, concluye.
Pero el juzgado Administrativo número 3 de Barcelona fue claro el pasado 7 de octubre: “No queda acreditado el pretendido arraigo del recurrente ni en el ámbito social, ni el familiar”.
Ramiro de 34 años, y Leidy de 26, vivían juntos ya en Cochabamba (Bolivia), de donde emigró él en junio de 2006. Ella lo hizo cuatro meses después. “Nuestro sueño era trabajar por unos años y volver a mi país”, explica Leidy que, sin los ingresos de Ramiro, pasó de los ahorros a la caridad: “Cada quince días voy a Cáritas por algo de grano y leche”. Esto choca con otro de los argumentos del juzgado, para quien el boliviano aún debe “probar adecuadamente qué daños y perjuicios de reparación imposible concurren en el caso”.
Desde el Centro de Internamiento, Ramiro explica por teléfono que durante su estancia ha visto pasar a dos extranjeros en su misma situación: “Un venezolano que tiene tres hijos aquí, dos de ellos españoles, aunque a este ya lo repatriaron. También un brasileño que tiene un hijo con una mujer española. Es como si no les importaran las diferencias entre uno u otro caso. ¿Acaso hay que tener papeles para ser padre?”.
Distinguir estas diferencias es lo que reclama la letrada Logroño. Para ella, es difícil sostener que mientras son liberadas otras personas detenidas portando documentación falsa, al mismo tiempo se ordenan expulsiones que producen “la separación de familias”.
La comunidad latinoamericana está desconcertada con este caso. La Federación de Entidades Latinoamericanas (FEDELATINA) solicitó el permiso para realizar una manifestación el mismo día del cumpleaños de la niña, el 14 de octubre. Pero no fue aceptada porque el Ayuntamiento de Barcelona exige que dichas solicitudes sean tramitadas diez días antes.
Mientras Leidy cuenta su historia, Verónica gatea por los 40 metros cuadrados del ático donde vive la famila por 340 euros mensuales (unos $238.ooo). La vida de esta madre y su hija procura no alejarse del barrio, por el temor de que a ella le toque la misma suerte. “Un policía me dijo un día que tuviera cuidado, porque si me cojían en la calle, no me creerían que tengo una niña y me expulsarían también. Por eso tengo miedo cada vez que voy a visitar a mi marido al Centro de Internamiento”.
En cada visita, Leidy lleva a Ramiro algo para que pase el tiempo: música o algún libro de informática, rubro en el que Ramiro trabajaba en Barcelona. Las visitas duran cinco minutos, asegura, lo suficiente para desatar el llanto de Verónica, que trata inútilmente atravesar la mampara de acrílico para abrazar a su padre. Pero el caso de Ramiro Perales es una muestra, y el resultado, de las nuevas políticas de inmigración que ya han comenzado a aplicarse en los países miembros de la Unión Europea. La mayoría de ellos gobernados por fuerzas políticas de derecha, la que se empeña en criminalizar a los extranjeros sin papeles radicados en los 27 países de la Unión.

Crecen las murallas


En junio (en la reunión de Cannes, Francia), los ministros del Interior de la Unión Europea (UE) aprobaron de forma generalizada un gran pacto comunitario sobre inmigración y asilo, que promueve el movimiento migratorio laboral a la carta y refuerza la expulsión de irregulares. La propuesta, iniciativa de la presidencia francesa de la UE, detalla las obligaciones que deben respetar los inmigrantes y veta las regularizaciones generales de sin papeles. "Nada será como antes", afirmó en dicha reunión el ministro francés de Inmigración, Brice Hortefeux, para destacar que a partir de ahora la UE actuará de forma coordinada en una cuestión tan esencial como la inmigración. El pacto establece el compromiso de organizar la inmigración legal según las necesidades y capacidades de acogida de cada país; perseguir la inmigración irregular y asegurar la expulsión de los sin papeles, reforzar el control de las fronteras y establecer una política común de asilo. Una normativa que faculta a la autoridad administrativa a encerrar a los ilegales para asegurar su expulsión. Postulados que germinaron en los programas de los partidos de derecha xenófoba y que han sido asumidos por una derecha populista, la de Sarkozy en Francia y la de Berlusconi en Italia, por la conservadora Angela Merkel en Alemania, y la izquierda de la “tercera vía” de Gordon Brown en Inglaterra, y que no disgusta al socialismo español de Rodríguez Zapatero.

En la cita de Cannes, Los Veintisiete (número de países integrantes de la unión), según el documento, elaboraron una política de inmigración profesional en función de sus necesidades laborales, que dará preferencia a los trabajadores comunitarios, potenciará la captación de personas altamente cualificadas y favorecerá que la inmigración extracomunitaria sea sólo temporal. El texto reafirma las competencias nacionales exclusivas de cada estado sobre las condiciones y el número de inmigrantes que admiten en su territorio.La agrupación familiar de inmigrantes se restringirá conforme a la "capacidad de acogida" de los Estados y la "capacidad de integración" de los afectados, en función de sus recursos, de sus condiciones de alojamiento y de "su conocimiento de la lengua del país". También se decreta el no realizar en el futuro regularizaciones generales de sin papeles, como hizo España, y a limitarse sólo a "regularizaciones caso por caso" por motivos humanitarios o económicos. El pacto establece que la política migratoria de cada estado "tendrá en cuenta el impacto que pueda tener en los demás países de la UE". Asimismo, subraya que "es imperativo que cada Estado tenga en cuenta los intereses de sus socios europeos en la definición y aplicación de sus políticas de inmigración, integración y asilo", además de establecer los visados biométricos y un control electrónico de entradas y salidas de visitantes en la UE en el 2012, y a fomentar acuerdos de readmisión con los países de origen. El pacto también incluye el establecimiento de un procedimiento único de asilo en el 2012 y la creación de una oficina europea para la gestión de las demandas de asilo.El término "contrato de integración" propuesto por Francia, ha sido sustituido por el concepto "integración armoniosa", la que pondrá en marcha "medidas específicas" para asegurar que los inmigrantes aprenden la lengua del país y cumplen sus leyes. Esas medidas, precisa el texto, "pondrán el acento sobre el respeto a las identidades de los estados y de la UE, además de sus valores fundamentales, entre ellos los derechos humanos, la libertad de expresión, la tolerancia, la igualdad entre hombres y mujeres”.
Pero se borra con el codo lo que se ha escrito con la mano, sentencia la expresión popular: en las calles de las ciudades europeas personas que en rigor no han cometido delito son objeto de detención e internamiento en lugares que no son cárceles, por un plazo que va entre 6 y 18 meses para finalmente ser expulsadas con prohibición expresa de retornar en un periodo de cinco años.
Lo que la vieja Europa combatió en décadas pasadas con su “altura moral”, ahora nos hace revivir las figuras seudo-jurídicas aplicadas por las dictaduras militares del Cono Sur latinoamericano. Entonces, en nuestros países se invocaba la “seguridad nacional” ante la “insurrección del comunismo internacional”. La Europa del siglo XXI apela a una “seguridad policial” ante el “caos”, “la delincuencia”, y la amenaza a las tradiciones y costumbres occidentales frente a la “contaminación cultural” proveniente del mundo latinoamericano, africano, árabe e islámico.

En España, por ejemplo, de los 3 millones 124 mil 625 extranjeros no comunitarios actualmente empadronados, por lo menos el 76% de éstos llegaron sin papeles. Posteriormente fueron favorecidos por los procesos de regularizaciones de los gobiernos de Felipe González, desde 1986, de José María Aznar y de Rodríguez Zapatero, hasta el 2005, mediante los cuales consiguieron permisos de residencia y de trabajo. Ha sido esta forma “clandestina” -como ahora subraya el gobierno- y no la llegada de inmigrantes con contrato de trabajo bajo el brazo, lo que ha beneficiado a España: “en los últimos seis años el 38% del crecimiento del PIB de España se debe a la inmigración. Los inmigrantes aportan ya el 7,4% de las cotizaciones a la Seguridad Social y sólo reciben el 0,5% del gasto”.Toda una paradoja, cuando el mismo día que el Parlamento europeo votaba a favor del ideario xenófobo contra la inmigración, España le otorgaba el Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales al pensador francés, de origen búlgaro, Tzvetan Todorov, protagonista de las batallas por una Europa abierta y diversa, y que considera que “la identidad europea se basa en la renuncia a la violencia. La proximidad de los otros no sólo no es ya una amenaza, sino que se convierte en una fuente de beneficios”.


Il Cavalieri y los Gitanos


El pasado mes de julio numerosos políticos, sindicalistas, intelectuales y otros ciudadanos italianos hicieron cola en Roma, cerca de la sede del Ministerio del Interior, para que les fueran tomadas las huellas digitales en señal de protesta luego de conocer la orden del Gobierno de Berlusconi de fichar a los gitanos asentados en el país, y principalmente a sus hijos menores, y en cuya papeleta figura el grupo étnico y la religión de los encuestados.El censo, que ya se ha realizado en Milán y en Nápoles y prosiguió en Roma, ha levantado una oleada de denuncias por la carga de "discriminación racial" que contiene. "Con fichas semejantes comenzó también el nazifascismo", han escrito varias publicaciones italianas, entre ellas el semanario Famiglia Cristiana, que afirma que Italia se está convirtiendo "en un Estado policial que muestra su rostro feroz con los pequeños gitanos".
El Parlamento Europeo debatió en Estrasburgo sobre la decisión italiana, ante la que varios comisarios de la UE ya han manifestado su recelo, pero sin lograr un veto firme y definitivo a la medida. Según el Gobierno de Berlusconi, se trata de hacer frente a una "alarma" que supuestamente cunde en todo el país, por lo que ha decidido cerrar los campamentos ilegales de gitanos y controlar los autorizados.Los gitanos de Roma y de Milán ya han sido censados varias veces en el pasado, pero nunca se les había tomado las huellas ni se les había preguntado su religión. Letizia Moratti, alcaldesa de Milán, ha manifestado que este es "un método seguro para conocer la identidad de los niños gitanos y protegerles". "Sesenta años atrás, también las leyes raciales de Mussolini empezaron con un censo, para proteger a los judíos", escribió el popular periodista y escritor italiano Gad Lerner. “Si queremos completarla, falta sólo la orientación sexual”, afirmó Ricardo Segni, Rabino de Roma. Además de la identificación fotográfica, el Ministerio del Interior italiano tomará las huellas digitales, principalmente de los menores, porque considera que son usados para pedir limosna y cometer delitos. "No se trata de redadas, sino de identificar a quienes viven en nuestro país", ha dicho Franco Frattini, ministro de Exteriores. Frente a las protestas, el titular del Interior, Roberto Maroni (miembro de la ultraderechista Liga Norte), ha declarado que no se echará atrás "ni un milímetro".Tras la toma de posesión, el Gobierno de Il Cavalieri (como popularmente se conoce a Berlusconi) nombró comisarios especiales para los gitanos en Milán, Roma y Nápoles, pero mientras en esta última se están tomando ya las huellas digitales, en Milán se están censando los campamentos de gitanos de nacionalidad italiana, y en Roma el comisario ha decidido implicar a la Cruz Roja en el censo, excluyendo de momento la toma de las huellas y confiando a la institución internacional la custodia del banco de datos, al que se podrá acceder sólo con permiso de la magistratura.En Italia viven unos 140.000 gitanos, la mitad de los cuales tienen nacionalidad italiana porque sus familias viven en la península desde hace más de 100 años. Unos 30.000 son niños en edad escolar, de los que solo 12.000 frecuentan la escuela.
Sobre cuántas personas de etnia gitana se han registrado en los censos de los campamentos nómadas que comenzaron hace unos meses en Italia, Maroni respondió que se pensaba que eran 120.000, "pero que han resultado muchos menos".Según el titular del Interior, el motivo es que "muchos se han ido espontáneamente hacía la más permisiva España de (José Luis Rodriguéz) Zapatero", pero no dio más detalles sobre cuántos viven en Italia o dónde se encuentran el resto de los gitanos que esperaban que residiesen en el país.Ante las críticas que recibió la medida del gobierno italiano, Maroni reiteró que no se ha tratado de hacer una "lista étnica" y que, según el sondeo realizado por instituto Ipr Marketing para el diario La Republica, esta iniciativa ha contado con el 62% del apoyo de la opinión pública italiana.Los censos en los poblados gitanos fueron aprobados por la Comisión Europea, que consideró que “no hay indicios de que éstos se hagan por motivos étnicos o religiosos”, y que “sólo se procede a recabar huellas digitales cuando no hay otra manera para identificar a las personas”.Maroni aseguró que los censos han revelado que en estos campamentos viven italianos, gitanos de origen rumano, Rom y Sintis de origen italiano e inmigrantes no comunitarios, y que "el verdadero drama es que la mitad de los menores que viven en estos campamentos no tienen padres".



Dibujo de "El roto", diario El Paìs, España.


La "Europa fortaleza"

El propósito de los socios de la UE de establecer una política común en materia de inmigración ha permitido a los ministros del Interior reunidos en Cannes (Francia) llegar a un acuerdo que contenta a Francia, no disgusta a España, cuenta con el apoyo de Alemania y complace a los demás porque, se mire por donde se mire, permite consagrar el principio de la inmigración “a la carta”. Pero que ningún Gobierno de la UE lo quiere reconocer, y Francia, el primer país en plantear en serio la aprobación de un sistema de conjunto, siempre podrá decir que se atuvo a la recomendación de una comisión de expertos, que consideró muy poco eficaz la fórmula para luchar contra los flujos de inmigración. Es decir, la admisión a la inmigración se regirá en función de la evolución del mercado laboral, la preparación profesional de los inmigrantes y otros parámetros de naturaleza similar. ¿En qué consiste la integración y hasta qué punto esta se ciñe al acatamiento de las leyes y al uso de los espacios y de los servicios públicos, o debe ir más allá?, es la pregunta que cruza el debate sobre la inmigración, pero que, de momento, los gobiernos europeos prefieren no abordar en aras del “equilibrio social”.Y así, mediante este frágil sistema de pesos y medidas, espera la UE amoldar la inmigración a la crisis económica y cerrar la puerta a procesos de inmigración masiva como el que hubo en España en el 2005. De modo que, aunque lo nieguen los tecnócratas de Bruselas (una de las sedes del Parlamento Eupeo), se afianza la idea de la Europa fortaleza.


Felipe Reyes F.
Barcelona, España.



revista Marcha, nº4, Santiago, Chile, 2008.



ANIMITAS

Un texto de José Donoso


Dicen que en otros países, en Grecia, en Bolivia, también existen con iguales características que las nuestras. Pero así, benignas y en diminutivo, como tantos vocablos chilenos, la palabra tiene una curiosa aceptación entre nosotros: nuestras animitas son modestos santuarios populares, pequeñas casitas-altares de menos de medio metro de altura, torpemente construidos de ladrillo y mezcla, que a veces vemos al borde del camino, casi como al filo del olvido. Junto a ellas, de noche, arden velas, y de día se marchitan flores en viejos envases colocados sobre el suelo manchado de negro de humo y cerote. Pasa el viento nocturno y tiemblan y se apagan las velas, que a la noche siguiente otra mano piadosa vuelve a encender si quedan restos de pábilo, o a rayo de sol se calcinan las flores que después la lluvia barre. Pero llovida y calcinada, la animita permanece en su lugar, porque está amarrada a él, esperando a otros devotos, otro día, o quizá otro año. Estos santuarios que evocan a las ánimas del purgatorio que se quedaron rondando nuestra vida –"... our little life is rounded by a sleep", dice Shakespeare en La tempestad –, se alzan en lugares donde ocurrió una muerte violenta, por accidente o por asesinato.



Pero las animitas, aunque conmemoren violencia y tragedia, no infunden temor. Son presencias buenas, tutelares, que interceden ante el Dios de los pobres para que conceda a los solicitantes -a veces familiares del muerto, o en el caso de animitas de prestigio aquellos que creen en su eficacia- los favores que se les pide si se acude al lugar donde perdieron la vida para rezarles un avemaría o encenderles una vela: un lugar, un nombre, a veces ni siquiera eso, una historia casi olvidada, pero la difusa y tenaz memoria popular conserva el sitio, lo hace legendario y lo dota de poderes.
Nuestras animitas son sobrios santuarios del recuerdo que encienden apenas una chispita de pensamiento al pasar, humildes súplicas a la eternidad que todos sabemos no cederá su secreto: sin embargo, el pueblo justiciero se aferra a la memoria, y no pierde su fe en que aquellos que cayeron víctimas de la violencia cayeron con algún propósito, para algo, y así conservan gran derecho y autoridad. De trecho en trecho, a la entrada de las ciudades, aparecen animitas milagrosas que a medida que se va cerrando la noche arden con una luz, más endeble, pero más elocuente que el fulgor de la metrópoli en el horizonte.


En los días cercanos a las fiestas de este fin de año, mientras la ciudad empobrecida enciende la electricidad de sus árboles navideños comerciales, tengo la curiosa sensación de que el número de animitas parece haberse multiplicado. En los caminos, en las poblaciones y barriadas, los allanamientos han hecho que manos anónimas las erijan por todas partes, y el desconocido que perdió allí su vida al huir por una esquina oscura que no lo ocultó, o al caer con una bala al borde de una calle, muertes todas éstas que los periódicos callaron, tendrá, en algunos casos, su pequeño santuario frágil y pasajero, cuya luz durará tanto como dure el recuerdo familiar o amigo, antes que sus compañeros se muden a otros barrios o también caigan, o que los años o el temor a las balas perdidas en la oscuridad o la miseria dispersen a la familia.Las animitas no son sólo un fenómeno de nuestras carreteras y barriadas: las hay urbanas, que miran el Pacífico desde los cerros sobrepoblados de Valparaíso, o en las plazas de los pueblos. En el centro mismo de Santiago, en las calles más concurridas y populares alrededor de la Estación Central, está el famoso Romualdito. Estas calles, durante las fiestas de este año, se ven invadidas de ansiosos comerciantes ambulantes que poco menos que ruegan a la muchedumbre que les compren unos calcetines de Taiwán, un feo juguete de plástico, un atado de matico para infusiones que curarán el dolor de muelas o la pena. Cada tanto rato, la policía hace una batida contra esta nube hormigueante como de zoco, dispersándola porque se trata de comerciantes sin licencia -se habló incluso de multar a quienes les compraran-, pero al poco rato vuelve a instalarse la nube como de moscas, plañideros, insistentes, angustiosos, ofreciendo sus pobres mercancías.






Celan, “los amargos pozos de su corazón”

"Oí decir que en el agua hay
una piedra y un círculo y
sobre el agua una palabra,
que pone el círculo en torno a la piedra"



No fue un poeta de vida fácil, el peso de la historia no le dejó muchas opciones. Paul Celan (Cernowitz, Bucovina, 1920 - París, 1970) compartió el destino de tantos judíos naciendo en una olvidada provincia rumana que dos años antes había sido el Imperio austrohúngaro –hoy Ucrania–, un lugar donde se hablaban cinco lenguas, incluido el yiddish. La decisión de escribir en alemán, el idioma de los posteriores genocidas marcó a fuego su dolorosa biografía. Sus padres murieron en un campo de exterminio y él mismo fue recluido 18 meses en campos de trabajo (y de ahí la errancia).Fruto de esa experiencia nació Fuga de muerte, poema inmenso, capaz de hacer sombra en el resto de su amarga obra poética y que muchos críticos han comparado con el Guernika de Picasso por su simbolismo frente al horror. Martilleante y alucinatorio, suena así:

Negra leche del alba la bebemos al atardecerla
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él

Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos

Un hombre habita la casa juega con las serpientes
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita
cavamos una tumba en el aire
no se yace estrechamente en él

Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad, sonad
empuña el hierro en la cintura lo blade sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la danza

Gritad sonad más dulcemente la muerte la mierte es un maestro venido de Alemania
gritad sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa de tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña
la muerte es un maestro venido de Alemania

De "Amapola y memoria" 1952
(Traducción de José Ángel Valente)

Puente Mirabeau sobre el río Sena, París.




Ahora la bibliografía celaniana se completa con la excelente edición de la Correspondencia (edit. Siruela) cruzada entre el poeta y su esposa, la francesa Gisèle Celan-Lestrange, en edición de Bertrand Badiou que ha sido asesorado por el hijo de la pareja, Eric Celan. Son 677 cartas escritas en francés que recorren las dos últimas décadas del poeta, ya instalado en Francia, y que corresponden a la época del noviazgo, a las distintas separaciones de la pareja ya que Celan viajaba a menudo a Alemania, Austria y Suiza, donde era un autor mucho más respetado que en su país de residencia, y al periodo final en el que el matrimonio, ya separado, demuestra un talante generoso y sincero.Mucho del tormento que persiguió al poeta sólo puede entreverse veladamente en esas cartas, a menudo cotidianas y en ocasiones profundamente emotivas. En el trasfondo de esa correspondencia está la pérdida de dos hijos, los desequilibrios mentales del autor, que le obligaron a recluirse en sanatorios durante largas temporadas, los intentos de estrangulamiento de su esposa en sendos arranques de locura y la relación paralela con la también poeta Ingeborg Bachmann que acabó por minar su matrimonio.
La correspondencia con la esposa se cierra un mes antes de la última y trágica decisión del poeta, que ya había intentado cortarse las venas sin éxito. El 20 de abril, mientras se celebra la Pascua judía, Paul Celan caminó por la avenida Emile Zola y se lanzó a las aguas del Sena desde el puente Mirabeau de París. No hubo testigos de la decisión. A principios de mayo, un pescador encontró el cadáver. Sobre la mesa de trabajo del poeta, en lugar de una confesión, se halló una biografía de Hölderlin con este subrayado: "Este genio, a veces, se ensombrecía y se hundía en los amargos pozos de su corazón".



Parita Liche

Ndione en castellano

RAMATA


Abasse Ndione (Senegal, 1946) es lo que podríamos llamar “un escritor valiente”. En 1984 publicó La vida en espiral, donde no se cortaba ni una coma en retratar la adicción al cannabis de la clase política senegalesa. A pesar de las numerosas críticas, con este libro Ndione se convirtió en uno de los autores más leídos en su país.
Ahora aterriza en España –tras su exitoso paso por el mercado francés a través de la prestigiosa editorial Gallimard– con Ramata (Roca editorial), historia en clave de novela negra en la que describe la búsqueda del placer por parte de una mujer genitalmente mutilada y que, paradojalmente, sólo lo ha encontrado en el hombre que la violó. Los materiales de construcción de Ramata se nos presentan como pan de cada día en el África del siglo XXI: la ablación y la corrupción como temas centrales. “Una traducción del Senegal de hoy”, afirma su autor. Y añade: “Quizás por eso la obra haya tenido más éxito en Europa que en mi país, donde los críticos dicen que hay cosas que no deben revelarse. Pero yo no tengo barreras”.
Quienes no le han entendido se han lanzado como canes con rabia a su yugular, pero él se los ha quitado de encima de un manotazo. “Es verdad que los intelectuales me han criticado, porque dicen que la ablación es un asunto de mujeres del cual no debe hablar un hombre. Pero yo he sido enfermero y conozco el problema. Es de todos nosotros y debemos hablar de ello”, afirma contundente el escritor.
Aún así, Ndione no tiene una opinión demasiado concreta con respecto a la mutilación genital femenina que se practica en varios países de África. Y sin mojarse afirma: “Me he limitado a poner un problema sobre la mesa. No soy partidario de decir si es bueno o malo porque no soy político”, sostiene. Sin embargo, sí reconoce que cada vez hay más mujeres en contra de esta práctica en su país, principalmente “las más instruidas”.


Todo a mano

Padre de siete hijos, Ndione sigue viviendo en Bergny, la localidad en la que nació, a 30 kilómetros de la capital Dakar. Allí escribe siempre sentado en la cama con su bolígrafo Bic; después es su yerno quien le pasa los textos al computador. Su casa es también el lugar desde el cual observa su país. La ventana que le sirve para retratar los sobornos que abundan en Senegal –“también entre la clase política”–, y la violencia. De hecho, Ramata es todo un festival sangriento. “La violencia está muy presente en esta novela porque la sociedad senegalesa es violenta. Es imposible leer un periódico sin que aparezca algún crimen”, se excusa Ndione. Una violencia que, además, sufren con mayor ahínco las mujeres. “Es que ellas son las que mejor representan hoy por hoy a la sociedad senegalesa. Tras los ajustes del FMI (Fondo Monetario Internacional), son ellas las que están sacando adelante a las familias. Las que trabajan dentro y fuera”, aclara el escritor. Y eso no siempre se acepta en una sociedad, que como Ndione manifiesta, “sigue siendo muy machista”.
Tampoco se aceptan otras cosas. Ndione es un ejemplo de que “es posible hablar de todo”, puntualiza. Sin embargo, sigue habiendo figuras intocables, como la de Abdoulaye Wade, el jefe de Estado: “Es cierto que un periodista fue a la cárcel por escribir sobre él, y no es que el libro esté prohibido, pero es verdad que es imposible encontrarlo en Senegal”, asiente.
La ficción salva a este escritor. Según la crítica, sus novelas policiacas son más completas que cualquier periódico. Ndione da cuenta de un Senegal real que va más allá de la postal turística. Y él está ahí, valiente, para contarlo.

Surgido del par terre y bendecido por el Marabú

Las librerías ‘par terre’ abundan en Senegal. Se trata de una lona tirada en el suelo llena de libros. Ahí fue donde el escritor francés Lucio Mad vio por primera vez ‘La vie en Spirale’. La compró y se la llevó a Francia, donde fue editada por Gallimard en 1998. De esta forma, Ndione, que trabajaba de enfermero en un hospital, cumplió así el sueño de todo escritor senegalés. “Si quieres ser conocido, tienes que publicar en Francia. En Senegal existen 4 ó 5 editoriales, pero funcionan fatal”, corrobora.
A los cuatro años, este autor fue bendecido por su ‘marabú’ (especie de padre espiritual), quien le dijo que sería un escritor de fama internacional. Sus libros llegarían “a los países de los hombres blancos, pero sólo después que su barba estuviera blanca”. La profecía se ha cumplido, ya que Ndione se lee hoy en las universidades senegalesas y ha dado pie a nuevos escritores de novela negra en su país.


Felipe Reyes F.

Fugu Hikikomori

(Uno)
Quien se acerca a las puertas de la muerte siente que los músculos pierden fuerza y que la respiración se desvanece mientras el corazón galopa, a paso firme, hacia el ocaso.
Su veneno es mil veces superior al del Curare. El suficiente como para matar a quince comensales: a toda una familia, a una fila del banco, a la alineación completa de un equipo de fútbol… a pesar de todo, es una delicatessen, una milenaria especialidad japonesa.
Se despedaza el pez vivo para evitar la mortal parálisis, impidiendo así la contaminación de la carne limpia. Vísceras, gónadas y glándulas contienen la tetra toxina letal. Estos restos son puestos en una caja hermética para que no los rescaten de la basura y los devoren los vagabundos de Tokio. Los que acabarían paralizados como estatuas.
Los que saborearon por error la toxina son encerrados en un ataúd. Se esperan tres días a ver qué ocurre con ellos. Es posible que se sumerjan en las aguas de un coma profundo y, equivocados, los pongan bajo tierra. La muerte aparece en el 60 % de los casos, dicen, pero como en la política, nadie se fía de las estadísticas.
La carne limpia es servida y alabada por todos.
La carne limpia hace bajar la temperatura del sudor y una fugaz vibración en el espinazo.
La carne limpia indica que el cocinero, con el cuchillo especial hiki fugu, ha vencido a la muerte. Entonces el sashimi (especie de sushi) celebra loas a la sofisticada exquisitez.
Nadie puede saber qué sueña un Fugu, el pez globo atrapado en una pecera de cristal que observa el tecnológico bullicio de una calle de Osaka antes de ser devorado. Quizá sea sencillo: mantenerse en la pecera, sin gravedad, ausente, en un decorado transparente, perdido en una quimera de colores extraños, en la profundidad del micro abismo.

(Dos)


Kaito Haruki siente que sus músculos pierden fuerza y que la respiración se desvanece mientras su corazón galopa, a paso firme, hacia la nada.
Piensa en la Ricina ingerida, mira su pequeña botella sobre la mesa y sabe que su veneno es mil veces superior al del Curare, y el suficiente como para matar a quince comensales: a toda una familia, a una fila del banco, a la alineación completa de un equipo de fútbol.
Kaito comienza a notar cómo avanza la parálisis por su cuerpo, invadiendo su carne limpia. Piensa en sus restos dentro de una caja hermética en algún cementerio de Tokio, tieso y frío como una estatua.
Así comienza a sumergirse en las aguas de un coma profundo. Kaito Haruki, un Hikikomori más de la sociedad japonesa, en los que la muerte aparece en el 60 % de los casos, dicen, pero como en la política, nadie se fía de las estadísticas.
Kaito Haruki se sintió rechazado por todos.
Kaito Haruki nota cómo baja su temperatura y una fugaz vibración en el espinazo.
Nadie podrá saber qué sintió Kaito recluido en su habitación, agobiado por el tecnológico bullicio de una calle de Osaka antes de morir. Quizá sea sencillo: mantenerse en su pecera, sin gravedad, ausente, en un decorado transparente, perdido en una quimera de colores extraños, en la profundidad del micro abismo.



Párita Liche